Mientras leo otros blogs, pienso, y pienso que acá no, pero qué me importa, que los anónimos barderos, que si leo perfil (y) página12, que si querés me hago la nena y le ponemos nombre: política emocional.
A ver: con el temor a lo que se viene, pensar que mucho puede ser peor (basta ver el camino de la Ciudad, y todo un bla bla bla que pueden leer mejor en otros blogs), es claro que en el poco tiempo que queda hay que construir una base lo más sólida posible (y no había base sólida) para que en dos años no arracen con todo. Que en este contexto, Pino se haga el exquisito y no quiera dialogar como si le fuera fiel a no sé qué porción de su electorado, me parece de una necedad coyuntural, o peor, un gesto zurdito-mezquino (o sea, por derecha o por izquierda por donde más te guste) que logró sorprenderme. Pensé, ilusionada, como para no ponerme tan triste (siempre siempre me ilusiono para no ponerme tan triste) que iba a estar más de este lado, qué ingenuidad.
La división de bienes va por dentro y yo me quedo con esto.