Nos despertamos a las seis. Teníamos que ir a buscar las viandas para los fiscales y a las siete y media yo tenía que estar en la escuela para fiscalizar. Las viandas no habían llegado, así que Ch. me llevó a la escuela. Me encontré con Romi y con el resto. El fiscal general llegó una media hora tarde que todos queríamos cobrarle de nuestro sueño interrumpido tan temprano.
Nos ubicamos cada uno en su mesa. Al lado mío estaba la fiscal del pro: una chica de dieciocho años que como casi todos los pro estaba ahí por lo que le pagaban (200$). Del otro lado, una voluntaria, buena señora republicana, que fiscalizaba para la Coalición. La presidente de mesa y su adjunta parecían aplicadas, se notaba que habían estudiado para la ocasión. Una cámara de TN me filmó votando. Entramos varias veces al cuarto oscuro hasta que quedamos conformes con la distribución de las boletas.
Me sorprendieron los barbijos. Todos los gendarmes y mucha gente. El gel con alcohol para limpiarse las manos hizo furor, todos querían, muchos tenían. Cada mesa tenía uno que había llegado junto a los útiles necesarios para la tarea.
El voto con barbijo es voto pro. – escribí en un sms.
Al rato, unas policías que estaban de servició ahí cerca, quisieron votar en nuestra mesa. Leí el manual para mostrar que no podían. Una era de provincia. Podía menos. Igual, llamaron a la autoridad electoral para confirmarlo. No debían ser votos Heller, así que no perdimos nada.
Las viandas seguían sin aparecer, así que Ch. y un amigo compraron medialunas, tes y cafés para repartir por las escuelas de la jurisdicción. Llegaron, un beso, y a seguir repartiendo.
Romi me escribió:
Tu novio me discriminó. No me vio y me dejó sin facturas.
Ya le digo.
Justo llegó Heller a votar en la escuela. Bajamos a saludar al grito de: Carlos, somos tus fiscales. Nos dio un abrazo y pensé en la bobe. Todo el día pensé en la bobe. El deber cívico, la participación ciudadana, esas cosas…
Ya estábamos en nuestros puestos cuando Lubertino pasó a saludar a cada uno. Con Romi cruzamos otros mensajes. Loas para su asesor.
La mañana pasó rápido. Después de las empanadas llegaron las viandas. Estábamos llenos de comida. Repartimos a todos y a todas.
Después de las dos de la tarde empezaron a llegar los mensajes con datos de boca de urna. Recibíamos y nos mostrábamos. La cosa daba bien. Algunos mensajes parecían inverosímiles. Hablé con Ch. y me dijo que íbamos bien pero que tampoco tanto, que no dijera nada igual. Que los datos de Filmus nos daban cuartos con 13 puntos.
La tarde se cargó de ansiedad. Aplaudíamos a cada uno que votaba por primera vez. Aplaudíamos al que tenía cara de esperar un aplauso. Mucha gente entraba al cuarto oscuro y denunciaba falta de boletas. Estaban todas. Faltan boletas. Están. Algunos, entonces, decían que no estaba De Narvaez. Esto pasó en varias mesas. Alguien preguntó por la boleta de Macri, también. En la mesa de enfrente una señora se enojó y quiso dejar tirado el voto. Tuvo que meterlo en la urna bajo la tutela de un gendarme.
A las cinco y media nos vinieron a avisar que podíamos cerrar la votación cuando vinieran a decirnos. Seis menos diez parecía la noche del 31 de diciembre esperando que se hicieran las doce. Faltan cinco. Faltan tres. En mi reloj ya dice y cincuenta y ocho. Viene el gendarme. Anuncia el cierre. Todos aplaudimos.
Entramos al cuarto oscuro para abrir la urna y contar. La presidente de mesa es muy prolija. Lee instrucciones y obedecemos. Primero se guardan las boletas y sobres sobrantes en una bolsa especialmente dispuesta por el correo. Después contamos los votantes del padrón. 236 de 362. Abrimos la urna. Los sobres coinciden con la cantidad de votantes. Empezamos a abrir. Todo lleva tiempo.
Ch. manda sms: están contando?
recién empezamos a abrir sobres. Vos dónde estás?
Muerto en lo de (nombre de asesor con gusto a dulce).
El primer voto de Heller aparece después de al menos veinte votos Pro. Muchos para Coalición. Los de Pino tardan en empezar a salir. Salen los del Pro. Uno tras otro, tras otro, tras otro. Me pongo nerviosa. Me angustio. Pienso que es tan obvio que perdemos, que perdemos en general, que esto se va para cualquier lado. Pienso cosas macro tipo “el país que vendrá”. No sé. Empiezo a mandar mensajes de texto.
Tirame boca de urna por favor. Acá todavía ni uno. -a Ch.
15.7 cuarto puesto
Bien. Es muy triste ver los votos del pro. Verlos en lo material.
No saben la angustia que es ver los votos pro. (A Ch., a Ine, a mi mamá, a mi hermana).
Tranqui. Te queremos (Ine).
No te caigas. Vamos. Es el momento más difícil. (Ch.)
Posta es una angustia tremenda. Te desmoraliza a full. (a Ch)
No te caigas. Atenta. Nos está yendo bien.
La gente es una mierda. Estoy lagrimeando.
Atenta. Vamos. Actitud militante.
Me puse a llorar. No paran de salir los votos pro. Acá en vivo y en directo desde el conteo (a Ine).
(Llamado de hermana)
(por sms) No puedo estoy contando.
Genial.
Después te cuento. Igual es muy triste ver los votos del pro.
Y solanas- prat?
Por heller ni preguntas! Estamos abriendo. A simple vista coalición 2, heller 3, pino 4. Pero no sé. Estoy en pleno centro.
Sí perdón, vos sos lo mejor del K!
Lo abracé a Heller hoy porque votó en esta escuela. Por la bobe y la parte comunista.
Me hacés llorar (no es chiste).
Yo estoy llorando en el conteo, imaginate.
Y yo lloro con tus mensajes. Imaginate.
Empezamos el conteo. Primero todas esas que tenían uno, dos o tres votos. Después las cuatro fuerzas más numerosas. Ganó Pro pero la Coalición quedó segunda por poco. Pino le sacó bastante diferencia a Heller. Es así. A esta altura ya lo sabemos.
Ch. seguía recibiendo datos en una oficina y me decía que no sabía nada de la Candidata. Los números daban como esperábamos.
Cuando terminamos de contar, me encontré con el resto y nos fuimos a la casa de uno. Miramos la tele que empezaba a decir que ganaba De Narvaez, pero todavía eran pocas mesas escrutadas. Por ahora nuestra Candidata entraba, con lo justo, pero entraba. Las horas le fueron bajando los puntos, hasta quedar afuera por unas centésimas.
En el Intercontinental, alrededor de las once, la gente estaba ansiosa. Hacer un bunker en un segundo subsuelo sin señal de celular es absurdo. La gente subía y bajaba escaleras para comunicarse. Llegó Ch. cansado y desmoralizado. ¿Qué pasó con los boca de urna? ¿Qué pasó con las encuestas? Algunos todavía decían que la Candidata entraba. Ella, arriba, ya pensaba que no. Pasaban los minutos, se escrutaban más mesas, y todo parecía alejarse. Igual, siempre se espera el batacazo. Que el 55 por ciento de mesas faltantes sean auspiciosas, qué sé yo. Ch. subió a verla. Bajó al rato.
Los datos de Provincia se volvían contundentes. Se corrían los rumores de siempre: ahí baja Néstor. No va a bajar nadie. Arriba están en shock. Es lo que podía pasar. Dos puntos arriba dos puntos abajo. Ya eran las doce. Estábamos tristes.
Nos quedamos un rato más. Algunos pedían que baje alguien. Otros se animaban a los primeros análisis. Alguien me dijo siamo fuori. Adentro del salón estaba sofocante. Habían apagado el aire acondicionado. Llegó una pareja de amigos. Ella destacó lo atinado de haber llorado a la tarde en el conteo. No había imaginación posible sobre el lunes, el martes… Afuera llovía desde hacía rato. No habría plaza para nadie. Dijimos algo de los que estarían contentos y algo más sobre los indiferentes.
A la una y media nos fuimos. Algún análisis en el auto mezclado con la desazón.
Cuando volví a tener señal, me llegó un mensaje de Ine, el último sms del día:
Tengo una depresión política…